Emisión 2: Para hacer esta muralla

Febrero ha traído las primeras nieves. Llegó el invierno. Antes solía decirse: Año de nieves, año de bienes. Ahora, nos contentamos con ver nevar sin esperar nada a cambio.

Pero este año, que casi comienza, parece traer un poco de esperanza. Después de meses de caos, dolor y sangre. Después de miedo, desconfianza y poca fe en el futuro. Después de la epidemia, llega la reconstrucción. Y parece que las nieves pueden ayudarnos en este proceso.

Con el frío de los últimos días, el avistamiento de criaturas desde las torretas que protegen el perímetro del campamento se ha reducido estrepitosamente. Cuando los coches invadían las carreteras y el gobierno enviaba apresuradamente máquinas quitanieves para limpiar la red viaria, en menos de media hora, todas las carreteras solían quedar libres. Pero ahora que no hay máquinas quitanieves ni nadie que se encargue de mantener los caminos despejados, también las criaturas lo tienen más complicado para avanzar y desplazarse. La última expedición de limpieza que partió esta mañana incluso nos informa de que han visto a varias criaturas atrapadas entre la nieve. ¡Bendita nevada! La pena es que no durará mucho. La nieve nunca aguanta demasiado por estas latitudes.

¿Pero en qué anda inmerso el Campamento Última Esperanza? Estamos construyendo una muralla para proteger más eficazmente el perímetro. De momento, ha comenzado la construcción de la sección 1, una de las áreas más desprotegidas y por la que, de vez en cuando, se cuelan criaturas y nos dan algún que otro susto. Las tareas de construcción en esta zona son sencillas. El área se protege fácilmente desde las torretas y, en caso de avistamiento, todos nos ponemos a salvo rápidamente. Lo peor será cuando decidamos afrontar la construcción de la sección 3.

La sección 3 comunica el campamento con la carretera principal. Lógicamente, es nuestro centro neurálgico de comunicaciones y no podemos permitirnos un mal diseño de la muralla que nos impida salir y entrar rápidamente del campamento. Pero el problema no es tanto el diseño de la muralla -para eso ya tenemos a  Aitor, nuestro ingeniero-, como la seguridad de quienes trabajen en la construcción de esa sección. Las torretas en esa área son menos elevadas y alcanzan a ver una distancia muy corta. Y lo peor de todo: por esa carretera constantemente recibimos ataques de las criaturas. Por ello es la zona mejor protegida del campamento. Pero, pese a todo, nuestro tiempo de reacción en caso de ataque es muy breve y hay muchas vidas en peligro.

En los próximos días debemos tomar una decisión y elaborar un plan de actuación. Mañana se reúne el consejo del Campamento. Os mantendré informados. En cualquier caso, necesitamos manos para construir esta muralla. Aquí en el campamento vivimos unos cuantos supervivientes, pero queremos ser más. Necesitamos ser más para, poco a poco, reconstruir nuestro mundo moribundo. Acercaos a nuestro campamento. Os ofrecemos refugio, vivienda, protección y compañía. El Campamento Última Esperanza también te necesita.

Desde el Campamento Última Esperanza, informó Vladek, un superviviente.

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