Emisión 5: Defensa de la sección 1

—¡Un grupo de zombis!

El grito de Aitziber nos heló la sangre. Si descubrir a dos supervivientes vagando por los caminos que rodean el campamento nos había sorprendido y, en cierto modo, aletargado, Aitziber logró despertarnos, arrancarnos de la calidez que genera una buena noticia. Pero tampoco tuvimos mucho tiempo para adaptarnos a la nueva situación. Las criaturas estaban allí mismo, a tiro de piedra. Las podíamos ver, frente a nosotros. Las podíamos oír, arrastrando los pies. Casi las podíamos oler.

Rodrigo se llevó a la mujer. Le ayudó su compañero. Ella se había desmayado, rendida de cansancio. Luego Rodrigo, nuestro líder, nos contó que llevaban semanas vagando por los bosques. Habían tenido un peregrinaje tranquilo, pero los últimos tres días habían sido una huida constante. Pero esa historia la contaré otro día. Todavía tengo que recabar más información para poder informaros de todos los detalles.

Supervivientes, todos sabéis lo que se siente cuando esas criaturas están frente a ti, en medio de la noche. Todos sabéis lo que se siente cuando las oyes acercarse. Ese terror, ese nerviosismo, ese sudor frío, esa tensión, esa alerta. Así nos sentíamos todos.

Éramos diez, el grupo de defensa inmediata del campamento. Teníamos refuerzos esperando a ser llamados, pero hasta no desentrañar el peligro que nos acechaba, nunca poníamos en alerta a todo el campamento. Pero esa noche no tuvimos tiempo ni de pedir refuerzos. Aunque… esa noche los hubiéramos necesitado.

Nos atacaron de frente. Diana, la encargada desde hacía un mes de organizar todas las tareas de defensa del campamento, dirigió la operación de limpieza —como a ella le gustaba llamarlas. A su señal, tres atacamos por el flanco derecho de la carretera, tres por el izquierdo y tres de frente. Habíamos perdido a un miembro en este último grupo porque Rodrigo había tenido que acompañar a los dos recién llegados a casa de la doctora.

Diana nos exigía ser siempre silenciosos y, por esa parte, cumplíamos como auténticos soldados profesionales. Los meses de supervivencia nos han enseñado que las criaturas están siempre ahí fuera y que es mejor no meter ruido para llamar su atención.

Los tres flancos de ataque actuamos con precisión. Parecíamos una legión romana perfectamente entrenada. Nuestro objetivo era acabar con esas criaturas apestosas lo más rápido posible, sin meter ruido y sin exponernos demasiado. Lo más importante: que no nos rodearan. Por eso Diana nos ha enseñado a atacar en pequeños flancos, separados pero unidos, tendentes todos hacia un punto central: las criaturas.

Nuestra defensa fue eficaz. Aitor, nuestro ingeniero, el más hábil con nuestras lanzas, acabó con dos criaturas sin apenas esfuerzo. Las trinchó como si fueran pavos, pero por el cerebro. Diana, desde el flanco central, en menos de diez segundos, cortó tres cabezas. Ella prefería usar la espada. Una resistente espada de samurái. Llegó con ella al campamento y siempre le acompañaba. Cuando las cabezas de las criaturas rodaron por el suelo, Lucas, que había bajado de su torreta de vigilancia para ayudarnos, las atravesó con su lanza.

La carretera estaba demasiado oscura. Pese a que la luna lucía orgullosa en lo más alto, los eucaliptos del borde del camino hacían demasiada sombra.

—No veo a más— nos dijo Aitziber.

Me temblaba la mano, y eso que no había tenido delante a ninguna criatura. Pero me temblaba la mano. No podía evitarlo. Siempre que entraba en acción, me temblaba la mano.

—¿Seguro que no queda ninguno?— insistió Diana.

Todos miramos expectantes a Aitziber. Ella oteaba la carretera con sus prismáticos.

—No veo a más zombis en el camino, pero con lo oscuro que está, podrían estar justo delante, que tampoco los vería.

La verdad es que su respuesta no nos dejó muy tranquilos, pero qué le íbamos a hacer. Diana ordenó montar turnos de vigilancia, para asegurarnos de que no había más por los alrededores. A mí me tocó el primer turno, con Lucas, Aitor y Amaia. Tres horas más tarde, cuando ya ni sentía los pies por el frío, Rodrigo me sustituyó.

Diana veló toda la noche. Permaneció alerta hasta el amanecer. La noche fue tranquila. No hubo más alarmas, no hubo más sobresaltos. A la mañana siguiente, solo los cuerpos podridos de las criaturas y sus cabezas atravesadas recordaban lo ocurrido por la noche. Eso y los dos supervivientes recién llegados al campamento. Se llaman Esti y Ekaitz. Traen muchas historias en sus miradas. Historias para otro día.

Desde el Campamento Última Esperanza, informó Vladek, un superviviente.

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2 comentarios sobre “Emisión 5: Defensa de la sección 1

    1. ¡¡Gracias!! Hoy, hacia las 20:00, nuevo capítulo.
      La difusión, lo que se puede por redes sociales. Cualquier difusión que le hagas al blog, estaré más que agradecido 🙂
      Un saludo.

      Me gusta

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