Emisión 10: La muralla en el consejo

Supervivientes, la semana está siendo difícil. No he tenido tiempo de hablaros. No he tenido tiempo de contaros cómo avanza nuestro campamento. Pero siempre pensaba en vosotros. Supervivientes que deambuláis por los caminos, siempre os tenía en mente. Mientras hacía guardia en la torreta del sector 4, pensaba en vosotros. Mientras ayudaba en la construcción de nuestra muralla en el sector 1, pensaba en vosotros. Y me sentía culpable por llevar dos días sin hablaros. Dos días… Son una eternidad cuando nuestro horizonte no es más que sobrevivir. Todo un mundo.

Pero no os preocupéis. No he estado dos días ausente para volver y aburriros con filosofía barata. Traigo novedades. Traigo noticias frescas.

Ayer se reunió el Consejo del Campamento. Rodrigo expuso con claridad el dilema ante el que nos enfrentamos.

—Necesitamos esta muralla— dijo mientras nos miraba serio, muy serio. —Y la necesitamos ya. No podemos demorarnos mucho más en su construcción. Tenemos los materiales necesarios. Es más, nos sobran. Tenemos a gente preparada que nos puede guiar en la construcción —y miró a Aitor. —Tenemos un campamento limpio de criaturas, limpio de zombis. Hemos puesto mucho esfuerzo en limpiarlo, han caído… han caído varios de nuestros compañeros. Hemos perdido a amigos mientras íbamos casa por casa limpiando todo este maldito pueblo. Tenemos las espaldas cubiertas, un lugar al que podemos llamar hogar, después de meses vagando por los caminos. No podemos dejar pasar esta oportunidad para convertirlo, cien por cien, en un lugar seguro.

Todos lo mirábamos absortos. Éramos incapaces de retirar la mirada. Su discurso nos transmitía, a un tiempo, pasión y vergüenza. Pasión, porque tocaba nuestra fibra sensible, porque alababa nuestros logros. Y vergüenza, porque ponía en evidencia nuestra incapacidad para tomar una decisión vital para la supervivencia de todo el campamento.

—Necesitamos esa muralla. Así que más vale que tracemos un plan eficaz y seguro, y que nos pongamos de acuerdo ya.

El consejo quedó en silencio. Nadie se atrevía a tomar la palabra después de semejante reprimenda. Ocupábamos una de las salas del antiguo ayuntamiento, hoy vacío y usado como centro de reunión en ciertas ocasiones.

—La muralla tiene que estar terminada en menos de un mes.

Diana tenía las ideas muy claras sobre la muralla y nadie la iba a callar. Aitor, frente a ella, se la comía con los ojos. Algunas veces me ha parecido distinguir un aire maquiavélico en él, una mirada perdida, un alma oscura y asesina. Algunas veces… Sobre todo cuando habla Diana y, en especial, cuando Diana presenta un proyecto nuevo. Entonces Aitor se transforma en otro. Ya no es el Aitor sesudo y calmado que dirige a las cuadrillas de trabajo cada día. Es un Aitor ruin, nervioso, tenso y mezquino.

—Sé que a muchos os puede parecer una locura. Es demasiado trabajo, me diréis. Es muy poco tiempo. Y tenéis razón. Pero no podemos retrasarnos. El frío intenso de las últimas semanas ha ralentizado a los bichos. Muchos habrán quedado atrapados en la nieve o en el hielo y el resto permanecerán adormilados. Pero no penséis que esta situación va a durar para siempre. Nuestras cuadrillas de limpieza han vaciado los alrededores del campamento de bichos. Pero volverán… Ya lo creo que volverán. Y si no tenemos terminada nuestra muralla, el campamento volverá a infestarse… de bichos.

Aitor no pudo contradecirla. Él siempre había defendido una construcción pausada de la muralla. Pero ayer fue incapaz de encontrar argumentos para invalidar el discurso de Diana.

El consejo votó poco después. Vamos a doblar los turnos de trabajo. Reduciremos miembros en los grupos de limpieza, dado que el frío parece ser, por el momento, nuestra mejor defensa natural contra las criaturas. Y en cada sector, solo habrá una persona en las torretas de vigilancia. Nuestro objetivo es tener terminada la muralla en los sectores 1 y 2, en menos de una semana. El sector 5 no es por ahora prioritario. La montaña ejerce de muralla natural y los caminos son fáciles de vigilar. Las obras en los sectores 3 y 4 comenzarán, previsiblemente, dentro de diez días. Tenemos que ser rápidos. La carretera es el camino más frecuente para los ataques masivos. Tenemos que terminar la muralla en estos sectores cuanto antes. ¿Pero cómo protegernos mientras la construimos?

Nadie en el consejo halló una respuesta convincente, así que Rodrigo encargó a Diana, nuestra jefa militar, la elaboración de un plan de defensa para los sectores 3 y 4. Tiene una semana. El próximo miércoles debe presentarlo en la reunión del consejo.

Supervivientes, como veis, aunque el campamento vive tranquilo sin ataques de las criaturas, no hay instante para tomar un respiro. El campamento depende de todos nosotros. Todos dependemos del resto. Somos supervivientes y queremos seguir siéndolo.

Desde el Campamento Última Esperanza, informó Vladek, un superviviente.

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