Emisión 13: El campamento contrariado

Supervivientes, tenemos un plan. Por fin… Diana lo ha presentado esta tarde al consejo. Por fin… El campamento hubiera respirado tranquilo, aliviado. Pero no ha sido precisamente un miércoles de paz y tranquilidad. Más bien todo lo contrario. Aunque la resolución del consejo, aprobando el plan de Diana, nos ha llenado de gozo, hay un regusto amargo en el paladar de todos los supervivientes del Campamento Última Esperanza.

Esta mañana, a mediodía, retornó el equipo de limpieza perdido. Volvieron cinco. ¡Cinco! Uno menos de los que partieron. ¡Cinco! Hemos sufrido una baja. Emilio. Un hombre de 42 años. Viudo, reflexivo y solitario. No destacaba en el campamento Emilio. Pasaba desapercibido. Estaba sin estar, como si hubiera dejado de vivir hace tiempo. Como si solo estuviera su cuerpo entre nosotros.

No lo conocía casi. No lo conocía. Hablamos un par de veces nada más. No hablaba con nadie. Pero recuerdo perfectamente aquellas dos ocasiones.

—Vladek,— me dijo. —estoy cansado. Si tuviera valor, cogería una de las pistolas que tenemos guardadas en el almacén y me quitaría la vida. Pero no tengo ni eso. Soy un cobarde.

Y se calló. No dijo nada más. Yo no supe qué decir aquel día, así que también me callé. No nos miramos. No nos dijimos nada más. Estaba todo dicho.

La segunda ocasión en que hablamos me contó su historia. Vivía en Vitoria, antes de la epidemia. Era profesor. Tenía mujer y dos hijas. Dos pequeñajas traviesas y risueñas, me dijo.

—Pero todo se fue a la mierda. ¡Todo! ¡Y de repente! No tuve ni tiempo para despedirme. Cuando me di cuenta, estábamos rodeados. Había cosas de esas por todas partes. Nuestra calle estaba infestada. No supimos qué hacer —me relató aquel día. —No supimos cómo actuar. Y las autoridades, ¿dónde estaban? ¿Y el ejército? Todo se fue a la mierda. Mi mujer. Mis dos hijitas. Todo, a la mierda.

Y se calló. Tampoco dijo nada más aquel día. Tampoco se necesitaba más. Yo no supe qué decirle, cómo consolarlo, así que nuevamente me limité a escucharle, a mirar al suelo en sus silencios, a comprender su soledad.

Emilio nos ha dejado. Es una baja más entre tantas otras. Suena triste, pero en realidad el campamento vive aliviado. Todos pensábamos que el equipo de limpieza había perecido. ¡Pero han llegado cinco! Todos menos Emilio. ¿Nos estaremos deshumanizando por sentir esta alegría?

Pero si hay un sentimiento que recorre las calles del campamento, ese es la contrariedad. Diana ha trazado un plan que ha sido aprobado por el consejo. El equipo de limpieza ha retornado a salvo, excepto Emilio. ¿De dónde procede nuestra contrariedad? De los testimonios que los miembros del equipo de limpieza nos han transmitido.

—Estamos rodeados —nos dijo Lucas.

Al principio no le entendimos.

—Explícate —le espetó Rodrigo.

—Estamos rodeados —insistió Lucas.

No entendíamos qué quería decir con exactitud, pero el espanto que se percibía en sus ojos lo decía todo.

—Hay cientos de… cientos ahí fuera. Están al otro lado de la colina. Se han ido agrupando allí estos dos últimos días. El viernes, cuando bajamos al valle, el terreno estaba despejado, pero al tratar de volver al campamento, allí estaban. En un principio fueron una decena, pero desde entonces no han hecho más que crecer. Ahora mismo habrá más de trescientos deambulando al otro lado. Solo nos separa esta colina. No hay más de diez kilómetros. Si se dirigen hacia aquí…

—¿Los habéis atraído hacia el campamento mientras veníais?— preguntó Aitor. Probablemente no supo expresarse, pero su pregunta sobraba. Acababan de llegar y parecía que los acusaba de atraer a las criaturas al campamento.

Lucas lo miró con odio.

—Vete a la mierda, Aitor. Nosotros no hemos atraído a nada. ¿O te piensas que llevo deambulando por los caminos desde el viernes por puro gusto? Cuando nos los topamos de frente, tuvimos que improvisar un nuevo camino de vuelta al campamento. Dimos muchas vueltas, muchos rodeos. Acabamos con varios de ellos. Pero allá adonde íbamos, allí estaban.

Lucas tomó aire.

—Estaban en todas partes… Y Emilio… Nos atacaron. Un pequeño grupo, por sorpresa.

—No te preocupes. Ya nos lo contarás.

Supervivientes, el campamento no sabe qué sentir. ¿Alegría porque han vuelto nuestros compañeros? ¿Tristeza por la muerte de Emilio? ¿Alegría por el plan de Diana? ¿Terror por la cercanía de tantas criaturas? Mañana, cuando ordene mis notas sobre el consejo, os contaré cómo va a organizar Diana la construcción de la muralla. Ahora más que nunca la necesitamos. Y con urgencia.

Desde el Campamento Última Esperanza, informó Vladek, un superviviente.

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5 comentarios sobre “Emisión 13: El campamento contrariado

  1. Vale,acostumbrate a que,cada vez que escribas algo,aqui estare,ahora te digo:
    Me gusta la idea de el mogollon de zombies ahi fuera, lo que me preocupa es la muralla,no se si la acabaran a tiempo y, lo que MAS me preocupa es que esos 300 zombies,por alguna casualidad (te lo digo para que lo tomes en cuenta, si quieres escribirlo) se separaran y vinieran por diferentes areas,entonces no se podrian concentrar en una sola area, y tendrian que dividirse, cosa que en estos casos,puede resultar muy mal.

    Y recuerda,no solo te leo yo, pero los otros que te leen, son tan vagos que no se dignan ni a escribirte un comentario.

    PD: Si quieres gente que te lea,puedo nombrar tu pagina en mi pagina web, asi atraere visitas,¿quieres?Mi pagina no trata de zombies, pero seguro que entre tantas visitas, a alguien le gustara,¿no? Aqui te dejo el enlace: http://www.molterweb.supersitio.net
    Un saludo,¡espero la emision 14 con ansias!

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  2. Hola¡
    Molter tiene razón, somos muchos los que te leemos y por eso me he animado a dejar mi opinión. La construcción de la muralla, bueno, lo veo un poco (bastante) complicado sin que haya bajas… Y Aitor, no se, me da mala espina… ya veremos que pasa con él más adelante.

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    1. Molter y Tara, muchísimas gracias por vuestros comentarios. Dan muchos ánimos para seguir dándolo todo en cada emisión. Además, todas las propuestas que me hagáis sobre el argumento las tendré muy en cuenta.
      La muralla difícilmente estará terminada. El campamento es grande. En breve publicaré un plano del campamento para que os hagáis una idea. A ver si lo termino este fin de semana, que lo tengo a medias.
      Tara, Aitor es un personaje muy oscuro, aunque ni yo mismo sé qué va a ocurrir con él en el futuro 🙂
      Molter, te agradecería mucho que mencionaras el blog en tu web. Voy a añadir tu web a mis enlaces también.
      Un saludo zombi para los dos.

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  3. Que mal rollo,no me gustan los saludos zombies, me saludan comiendome la tapa de los sesos… xD
    Bueno, esta semana, si me acuerdo pongo la web, si no me acuerdo avisame,que estoy muy liado con muchas cosas.

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