Emisión 16: Ruby, la hermana de Deidre

Supervivientes, lo siento. Siento esta tensión, siento este silencio. Hace dos días, mi emisión se cortó abruptamente. Y desde entonces, silencio. Esta radio se ha mantenido callada demasiado tiempo, lo sé. Y lo siento.

El viernes, a la hora de la emisión, cuando las sombras se cernían sobre el campamento, un gañido quebró nuestra calma. Un grito gutural, un aullido de las entrañas, un lamento mortal. Primero solo lo intuí. La noche estaba tensa; las calles, temblorosas. Comencé mi emisión, pero lo intuía. Sabía que algo iba mal, pero comencé igualmente mi emisión. Una vocecita interior me avisaba. “Cuida tus espaldas.” No le hice caso y comencé mi emisión. Pero tuve que pararla. Primero fue un ruido como de viento. Primero… Y continué, continué con mi emisión. Hasta que un gañido me heló la sangre y un golpe seco prácticamente echó abajo la puerta de mi estudio improvisado.

Era una criatura. Una criatura en mi casa. Una criatura en mi estudio. Y tuve que cortar la emisión y salir corriendo y pedir ayuda y luchar. Cuerpo a cuerpo. Luchar. Si a lo que se hace cuando te encuentras a una criatura frente a ti se le puede llamar luchar. Yo más bien lo denominaría sobrevivir, a secas.

Busqué una de nuestras varas de defensa en mi estudio. No había ninguna. Tampoco espadas o cuchillos. Ni pistolas. No había nada. ¿Qué podía hacer? Gritar. Pedí ayuda, lo primero. Oí cómo el campamento se alteraba, se despertaba. Se encendieron luces, se activaron los protocolos de defensa.

—¡En mi estudio! ¡Rápido!—grité. Pero sabía que nadie llegaría antes de que esa criatura lograra cruzar la puerta de mi estudio, o lo que quedaba de ella.

La aporreaba, la destrozaba, ya casi la había destruido. Ya casi estaba dentro. Y yo desarmado. Mis ojos corrían como balas por toda la habitación. Cualquier cosa, cualquier objeto. Punzante o no punzante, daba igual. Cualquier tabla. Necesitaba algo con lo que golpear a aquella criatura con fuerza. Tenía que mantenerla alejada de mí. Romperle los brazos si hacía falta para que no se acercara. Y atizarle con fuerza, con mucha fuerza, en la cabeza. Reventarle el cráneo. Muy bonita la teoría. ¿Pero cómo iba a destrozarle su cerebro infectado si no tenía ni una triste tabla de madera, ni un triste boli con que defenderme?

Entró. Rompió lo que quedaba de puerta y entró. Ya estaba en mi estudio. Frente a mí. Y gruñía. O gemía, no sabría concretar. Era una criatura joven, recientemente infectada. Su mirada desencajada, su boca ensangrentada. ¿Habría mordido a alguien del campamento antes de atacarme a mí? Y venía directa a por mí.

Por la escalera del estudio podía oír a Diana.

—Vladek, aguanta. Ya estoy aquí.

Estaba entrando por el portal. El estudio estaba en el segundo. Diana era muy rápida, pero no podría evitar enfrentarme a la criatura antes de que llegara ella.

La criatura estaba a menos de un metro de mí. En ese segundo previo al ataque me dio tiempo a observarla. Era joven, muy joven. Y debía de haber sido muy hermosa. Su cuerpo apenas estaba podrido. Definitivamente era una recién infectada. Se podía ver la causa de la infección en su brazo. Una pequeña brecha, muy pequeña, pero infectada con fluidos de los no muertos. El proceso de infección probablemente fue lento, pero inevitable.

Pero ya estaba encima de mí. A punto de echarse sobre mí. Solo tenía mi cuerpo para defenderme. Le solté una patada directa al pecho. Traté de reunir todas mis fuerzas en esa patada. Y lo conseguí. Salió despedida hacia atrás y sus costillas crujieron. Pero no fue suficiente. Tardó menos de un segundo en incorporarse de nuevo y volver hacia mí aún con más fiereza. Estaba otra vez a menos de un metro de mí. La tenía encima.

—¡Al suelo, Vladek!

Y obedecí. Y me tiré al suelo. Justo a tiempo para esquivar la flecha que lanzó Diana y que, tras atravesar el cerebro de aquella criatura, se clavó en la pared, justo donde yo estaba.

Estaba en el suelo pero no tardé ni un segundo en incorporarme. Lo primero era revisar mi cuerpo. Buscar cortes, heridas… Ninguna. Estaba limpio y sano.

—Gracias, Diana—fui capaz de susurrar. —Te debo la vida. Otra vez más.

Y sonreímos. Y en esa sonrisa amarga se inmiscuyeron cientos de preguntas —¿de dónde había salido aquella criatura? ¿cómo había cruzado las líneas de seguridad del campamento?— que obtuvieron respuesta al instante, cuando escuchamos el grito desesperado de Deidre.

—¡Ruby! ¿Pero qué habéis hecho? ¡Monstruos! ¡Ruby!— gritaba desesperada Deidre tratando de abrazar aquel cuerpo infectado y, por fin, muerto.

Era Ruby, en efecto, la hermana de Deidre. No la había reconocido. ¡Dios, cómo puede cambiar tanto el aspecto de una persona con solo infectarse! Ruby fue una de las desaparecidas del equipo de limpieza que partió el viernes de la semana pasada. Volvió al campamento el miércoles, pero ¿estaba infectada? Nadie lo percibió entonces. Estaban magullados y cansados, pero vivos. Nadie hizo más preguntas ni los inspeccionó. Solo les dejamos descansar.

Allí estaba su hermana, Deidre, llorando sin consuelo posible.

—Tú la has matado —dijo señalando a Diana. —Tú eres la responsable. La mataste asignándole esas estúpidas tareas de limpieza. Te juro que no descansaré hasta verte infectada.

Diana y yo la observamos boquiabiertos; no por sus palabras, sino porque en su brazo derecho podían distinguirse claramente las marcas de un mordisco. Un mordisco que sangraba.

Desde el Campamento Última Esperanza, informó Vladek, un superviviente.

Anuncios

10 comentarios sobre “Emisión 16: Ruby, la hermana de Deidre

  1. Ostrassss… menuda cagada¡, cómo no se les ocurre inspeccionar a la gente?. Han metido al enemigo en casa; estoy impaciente por saber lo que van a hacer con Deidre: la matarán, esperarán a que muera primero… esta situación va a crear grandes momentos de tensión.

    Me gusta

  2. por un lado me alegra saber que la chica ya venía infectada por que eso significa que un bicho no traspasó los muros lo que hubiera significado que tanto trabajo arduo no hubiera servido de mucho, pero por otro lado que pena que más y más supervivientes se vayan perdiendo.

    Me gusta

      1. Hola, Tara:

        No sé si te acordarás de mi blog Última Esperanza Zombi. Hace casi tres años que terminé con la primera parte y desde entonces ando enfrascado escribiendo la segunda parte del libro. Por fin esta semana ya lo he autopublicado. De momento, solo está accesible en Amazon pero durante el día de hoy lo puedes comprar gratis: http://amzn.to/1OBtbA8 En un par de meses estará accesible desde otras plataformas.
        Espero que te guste,
        Vladek, un superviviente

        Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s