Emisión 17: El caso Deidre

Supervivientes, el campamento está agitado. El campamento está nervioso. Afuera, a no más de diez kilómetros de distancia, hace una semana, se agolpaban hordas de criaturas. ¿Dónde estarán ahora? ¿Seguirán deambulando por el valle? ¿Estarán perdidas por los caminos? ¿Se dirigirán al campamento? ¿Estarán a las puertas?

Pero el campamento no está nervioso por esas criaturas. Bueno, sí que lo está, pero ahora mismo otras inquietudes lo tienen más ocupado. El campamento está preocupado por Deidre. El caso Deidre como lo ha denominado el Consejo. ¿Qué hacer? ¿Cómo actuar? Esas son las preguntas que inmediatamente nos asaltaron tras la muerte de Ruby y el descubrimiento del mordisco en el brazo de Deidre. ¿Qué hacer con Deidre?

El Consejo se reunió de urgencia. Rodrigo nos convocó a todos. Aunque el primer problema fue reducir a Deidre sin que nadie resultara herido. Estaba infectada. Su brazo tenía ya esa decoloración característica de cualquier zona infectada. Entre el marrón y el morado. El mordisco no sangraba, estaba completamente seco. Y su piel ya mostraba el sudor típico de la fiebre. Estaba infectada y por el campamento se extendió el miedo. Nadie quería acercarse a ella. Nadie quería tocarla. Nadie quería arriesgarse. Y ella se mostraba violenta. Deseaba vengarse, en particular de Diana, pero no le importaba llevarse a cualquiera por delante con tal de descargar su furia. Su odio. Trataba de mordernos, trataba de infectarnos. Así que lo primero fue lidiar con ese problema.

Y cómo no, fue Diana quien acudió a solventarlo. La miró a los ojos. Soportó su rabia.

—Siento mucho lo de tu hermana— le dijo y, sin que ella lo esperara, la golpeó con fuerza. La suficiente para dejarla semiinconsciente durante un rato.

Diana la encerró en el calabozo del campamento. Durante todo este tiempo aquí, hemos tenido muchos altercados. Tantos que en un determinado momento necesitamos acondicionar una de las salas del antiguo ayuntamiento como calabozo.

El Consejo se reunió de inmediato. Ya era tarde, casi medianoche.

—Compañeros, tenemos un grave problema: Deidre está infectada.

Quienes habían llegado tarde al triste espectáculo de aquella noche ahogaron un grito de espanto.

—¿Cómo?— preguntó Aitziber.

—Ruby, su hermana, le ha mordido. O al menos eso parece. Lo que no sabemos es qué ocurrió con Ruby.

—Tuvo que volver infectada de su ronda con el equipo de limpieza— aprovechó Aitor para desacreditar a Diana.

—Pero… volvieron el miércoles. Es viernes por la noche. Es mucho tiempo. ¿Cómo es que no nos dimos cuenta?— insistió Aitziber.

—Deidre debió de mantener a su hermana oculta—dijo Diana.

—Pero insisto, es mucho tiempo.

—Tenemos que interrogar a Deidre. Diana, tráela.

Rodrigo envió a Diana porque era la única que se atrevía a acercarse a Deidre. En realidad, era la única que se atrevía a tratarla ya no como a una persona sino como a una infectada, alguien a quien le quedaban pocas horas de vida.

Deidre apareció, empujada por Diana y maniatada, frente al Consejo.

—Deidre—comenzó Rodrigo— sé que las cosas no tendrían que haber ocurrido así. Tu hermana debería estar viva y tú sana. Pero ahora necesitamos tu ayuda.

Deidre permaneció en silencio. Una sonrisa burlona se dibujaba en su rostro febril.

—No hablará—dijo Aitor.

—Yo la haré hablar— sentenció Diana.

—¿Qué vas a hacerle?— preguntó Aitziber.

—Será mejor que salgáis.

Rodrigo tiró con fuerza de los más reticentes y todos dejamos a Diana a solas con Deidre en el local del Consejo. Nadie sabe qué hizo o qué le dijo. Oímos algunos gritos, algunos aullidos de dolor. Aitziber trató de entrar y detener a Diana, pero Rodrigo la retuvo. Diez minutos más tarde, Diana abría de nuevo la puerta de la sala y nos dejaba entrar. En el centro, Deidre en una silla. Diana había cubierto su cuerpo con varias mantas. ¿Quién sabe qué quería ocultar?

—Ahora hablará.

Rodrigo tomó la palabra.

—Deidre, ¿qué le ocurrió a tu hermana?

Deidre necesitó tomar aire antes de comenzar su relato.

—Ruby volvió destrozada del equipo de limpieza. Estaba exhausta, así que según llegó la tumbé en la cama y la dejé descansar. Pero esa misma noche, la noche del miércoles, la temperatura de su cuerpo comenzó a ascender abruptamente. Al principio di por hecho que era a consecuencia del esfuerzo de los últimos días. Era normal que estuviera enferma. Pero cuando comenzaron las convulsiones y los vómitos me di cuenta de que estaba equivocada: estaba infectada. La desnudé. Recorrí su cuerpo buscando un mordisco, una herida. Y allí estaba, en su pantorrilla. Un pequeño arañazo, entumecido, coagulado, marrón. Le quedaban pocas horas de vida. Tenía que haberle ahorrado entonces el sufrimiento, pero no fui capaz.

—¿Por qué no nos avisaste?

—Era mi hermana. ¿Qué ibais a hacer? ¿Matarla?— y miró con odio a Diana. —Matarla… ojalá le hubiera atravesado entonces el cerebro con una bala. Pero me fallaron las fuerzas. Cuando dejó de respirar y resucitó, mi única preocupación fue que no la encontrarais. Esconderla, alejarla de vosotros. Mantenerla con… vida. Cuando trataba de ocultarla en la buhardilla, me mordió y salió de la casa en busca de carne fresca. Yo logré esconderme en el cuarto de baño.

—Entonces fue cuando atacó el estudio.

—¡Casi me mata!— le increpé a Diedre.

—Era mi hermana…

El Consejo quedó en silencio.

—Deidre, siento ser duro y directo pero como eres la máxima interesada creo que tienes que estar presente. ¿Qué vamos a hacer contigo?— preguntó Rodrigo al Consejo.

—Un momento, ¿cómo es posible que Ruby tardara tanto en transformarse? Por los testimonios de los miembros del equipo de limpieza, el último ataque lo sufrieron el lunes. Su herida en la pantorrilla tuvo que infectarse entonces. Pero del lunes al miércoles a la noche…

—Al jueves a la noche. Deidre resucitó el jueves a la noche. Hasta el viernes la tuve encerrada en su cuarto—corrigió Deidre.

—¡El jueves a la noche!— continuó Aitor. —Del lunes al jueves por la noche van muchos días. Hasta ahora, todos los casos que hemos observado han sido muchísimo más rápidos. Normalmente menos de 24 horas y, como mucho, 30 horas…

—Es mucho tiempo, demasiado tiempo— insistió Aitziber.

Se hizo el silencio. Una voz crepuscular acababa de hacerse oír en medio del Consejo.

—Dejádmela a mí.

Era la Doctora, nuestra científica.

Desde el Campamento Última Esperanza, informó Vladek, un superviviente.

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6 comentarios sobre “Emisión 17: El caso Deidre

  1. Ya recuerdo! Me acuerdo que te di esta sugerencia hace unas emisiones, al final si que lo pusiste! Bueno,te doy otra idea,ya que esta ya la has utilizado,peeero antes,quiero que pongas los planos del campamento…Y aqui esta la idea:
    Por que no,cuando pase la horda esa, intentan ir por algun lugar cercano a hacer incursiones,ya sabes, a buscar comida, o a buscar armas y municiones,o incluso a buscar medicamentos,cualquier cosa! A parte,si te ves con ganas, podrias añadir a un personaje nuevo que fuera cientifico, y muy misterioso/a que apenas saliera de su habitacion y que,en alguna emision, intentara contaminar el campamento. Que intentara salir pero que lo pillaran, o no se, tu acabaras de pulir mis ideas… Ala,ahi queda eso!

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    1. Yo me apunto todas las ideas que me deis. Las incursiones por las cercanías van a ser necesarias en breve. Los recursos se acaban y hay necesidades. En cuanto al personaje del científico macabro… ahí está la Doctora. Su papel está por perfilarse, pero va a tener partes macabras, ya verás.
      ¡Gracias por todas las ideas!

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    1. En una primera fase, los enciclopedistas publicarán un plano exclusivo del campamento. Ha sido un duro trabajo de restauración. De momento, no hay información suficiente sobre los alrededores del campamento como para reconstruir el plano, pero el equipo topográfico de la Enciclopedia de los Supervivientes está trabajando en ello.

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  2. por hoy es suficiente no quiero llegar a la última emisión y tener que esperar tiempo para leer las siguientes hasta ahra he podido leer de corrido, desde México Lilo.

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