Emisión 22: La Doctora y el fuego

Supervivientes, la noche no era especialmente fría. Era una noche de marzo. Pero todos sentimos un escalofrío al ver aquella hoguera y escuchar aquellas dos palabras de Diana:

La Doctora.

Allí estaba ella. Cristina, La Doctora. Nuestra compañera. Mitad médica, mitad científica. Una superviviente más de nuestro campamento, pero un personaje al que nadie conocía en profundidad.

Allí estaban las dos aquella noche: Diana y Cristina. Las dos figuras femeninas más importantes de nuestro campamento. Dos mujeres fuertes e independientes. Y, al mismo tiempo, dos mujeres oscuras y misteriosas. Diana, la líder nata. Cristina, la rata de laboratorio. Cada una destacaba en lo suyo, pero ambas se hacían respetar. Y, sobre todo, ambas eran admiradas por todos, incluso por sus enemigos.

Todos las observábamos inmóviles, clavados en la acera, al borde de la playa. Diana miraba en dirección a la hoguera con una sonrisa irónica. Se podía intuir que no pensaba hacer nada por detener a la Doctora. Como si supiera perfectamente qué estaba haciendo, cuál era su plan, qué la llevaba a preparar una hoguera en plena playa, en medio de la noche.

Rodrigo tomó la iniciativa. Se separó del grupo y, pisando la arena, gritó:

—Cristina, ¿qué haces?

Cristina se asomó. Estaba medio escondida detrás de la hoguera, una pira con llamas que ya alcanzaban varios metros de altura. ¿De dónde habría sacado tanta madera? ¿Y cómo la habría trasladado hasta allí?

—Una hoguera, ¿o es que no lo ves?

Rodrigo estaba enojadísimo, pero trataba de controlar su genio. Con Diana era incapaz de controlarse, pero Cristina le imponía un respeto especial. Yo creo que Cristina, directamente, le da miedo. O quizás sea que Rodrigo se guarda las espaldas por si alguna vez su vida depende de ella. Al fin y al cabo, Cristina es la única persona del campamento con conocimientos médicos.

—Ya, eso ya lo veo. Pero una hoguera, ¿para qué? Y sobre todo, ¿por qué a estas horas? No te das cuenta de que podrías atraer a cualquier cosa que esté ahí fuera observando.

—Había que correr el riesgo.

Rodrigo estaba al borde de la histeria. Allí, a sus espaldas, estaba todo el campamento, alerta, armado. Y frente a él, ella, La Doctora, Cristina, una mujer a la que era incapaz de comprender. Una mujer a la que respetaba tanto como temía. Una mujer que estaba en el campamento desde el principio. Llegó antes que él. Algunos dicen que llegó antes que nadie, incluso que vivía aquí. Yo no sé si creerlo. Se dicen tantas cosas…

—¿Pero correr el riesgo para qué? ¿Qué coño estás quemando?

Todos nos habíamos ido acercando a Rodrigo. Estábamos casi a su altura, junto a él, pero parapetados a su espalda, como si tratáramos de protegernos de una respuesta que ardía en nuestros oídos, que nos quemaba antes incluso de ser pronunciada.

—¿Tú qué crees? A Deidre. Bueno, a lo que fue Deidre. ¿No queríais que os devolviera su cuerpo?— dijo La Doctora, mientras buscaba con la mirada los ojos de Aitziber.

Aitziber no pudo ni proferir un insulto. Se le atragantó entre la lengua y la garganta. Perdió las fuerzas, de repente. Esti estuvo atenta y la sujetó por el brazo. Dos lágrimas de rabia e impotencia se deslizaban por su rostro, caían por sus mejillas hasta la comisura de sus labios.

—Yo solo quería…— Aitziber casi no podía ni hablar. —Yo solo quería… despedirme. Ver su cuerpo… y despedirme.

Fue lo único que fue capaz de decir.

—Quizás sea mejor así— dijo Diana. —Vale, se acabó el espectáculo. Todos a dormir. Nosotros apagaremos la hoguera.

Y todos nos fuimos retirando. Allí quedaron Rodrigo, Aitor, Diana, La Doctora… Esti se llevó a una Aitziber descompuesta y derrotada. El resto arrastramos como pudimos nuestra mala conciencia, nuestro sentimiento de culpabilidad. Pero una culpa que no nos pesaba demasiado. La Doctora había podido investigar con… con lo que antes fue Deidre. ¿Habría descubierto alguna forma de aplacar los efectos de la infección? ¿Tendría alguna solución para la epidemia?

Esos pensamientos llevaba cada uno de nosotros mientras volvíamos a nuestras casas. Era noche cerrada, una noche no especialmente fría de marzo. El olor a humo lo impregnaba todo. Y el pestazo a carne quemada era cada vez más penetrante. Carne podrida y abrasada. Por un momento, me di la vuelta. Necesitaba verlo, necesitaba despedirme de aquel cuerpo que hace unos días era el de Deidre. Me había alejado del borde de la playa, pero la hoguera todavía estaba a la vista. Diana, Cristina, Rodrigo y  Aitor preparaban baldes de agua para apagarla en cuanto el cuerpo se calcinara. Y en el centro, la hoguera. Y en medio de la hoguera, un cuerpo.

Por un segundo pude ver a Deidre con vida. Hace unas semanas, trabajando en la muralla. Por un segundo la pude ver junto a su hermana, sonriente. Por un segundo.

Ahora aquella Deidre estaba muy lejos. Había desaparecido hace días en el frío laboratorio de La Doctora. Allí se habría convertido, allí habría dejado de respirar para luego resucitar a una no vida putrefacta y eterna. Y ahora, aquel cuerpo que un día fue el suyo ardía en medio de la hoguera. Todavía podía distinguir su cabeza, su cuello, sus hombros. Todavía podía ver sus brazos colgando a ambos lados de la hoguera. Todavía intuía sus piernas entre las llamas.

Deidre, una superviviente caída. Descansa en paz.

 Desde el Campamento Última Esperanza, informó Vladek, un superviviente.

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5 comentarios sobre “Emisión 22: La Doctora y el fuego

  1. Hey! Perdon por no comentar en tooodas estas emisiones, ya he visto que han pasado muchas cosas,me las he leido todas ya. Bueno, intentare volver a comentar cada emision a partir de ahora,solo que en estos momentos estoy ocupado…
    para la proxima te doy sugerencias y eso! Un saludo!

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  2. No entendí o si? me queda claro que el cuerpo que ven en la hoguera no es de Deidre por que sigue con vida, entonces puso un zombi en la hoguera para simularlo eeeee?? eso es lo que pienso. Y si está muy loco que la Doc prendiera fuego, como que no está consciente de todos los peligros, no siento que esté en sus cabales.

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  3. Vaya tela, los pelos de punta se me han puesto con las últimas frases. Como se lo curra Vladek en la retransmisión, parece q esté allí con ellos 😉

    PD: He estado ausente, pero estoy poniendome al día. Que emoción que tengo tantos capítulos para leer ^^

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