Emisión 27: Rojo gañido de medianoche

En la emisión anterior, el grupo dirigido por Vladek huía del cementerio por el ataque de un grupo de zombis, dejando atrás al grupo de Diana. El grupo se refugia en el campamento, pero nadie sabe nada de Rojo, ni del grupo de Diana. ¿Habrán sobrevivido?

Supervivientes, la visión era sobrecogedora. Allí, frente a nosotros, al otro lado de la muralla. La noche se echaba encima a toda velocidad, pero los últimos destellos del sol no impidieron que viéramos todos aquellos cadáveres, todos aquellos engendros. Frente a nosotros. Todas aquellas criaturas, ahora muertas, por fin muertas, doblemente muertas. Cuerpos desmembrados, brazos arañados, cabezas colgantes, caras agujereadas. Todo frente a nosotros. Exhaustos, aterrados, pero conscientes. Muy conscientes de que podíamos haber sido nosotros. Muy conscientes de que todo un grupo de nosotros dirigido por Diana estaba aún ahí fuera. Muy conscientes de que David había caído, de que faltaba Rojo. Pero no haríamos nada, al menos nada más que esperar.

Era injusto. ¿Por qué nos habría tocado vivir este tiempo tan terrible? ¿Qué ser omnipotente lo habría dispuesto? ¿Un dios? ¿El azar? ¿El destino? ¿La mala suerte? Nunca he creído en nada, ni siquiera en mí mismo, pero después de ver tanta sangre, después de presenciar cómo el mundo está patas arriba, empiezo a cuestionarme hasta qué punto no habrá algún ser, algún destino, alguna suerte macabra decidida a acabar con nosotros. Tampoco creáis que estos pensamientos me han transformado en un ser espiritual. Nada más lejos de la realidad. Ahora creo. Sí, creo. Pero solo creo en mí mismo. Yo, mi supervivencia, mi salud, mi vida. Esa es la medida de todas las cosas ahora. Parece mentira. Si alguien me lo hubiera dicho hace años… Siempre fui una persona solidaria, generosa, amable. Nunca creí en nada, o tal vez solo en la importancia del respeto. Pero ahora… hoy… en este mundo caótico, tenebroso, horripilante, sangriento… hoy solo creo en mí mismo y en mi supervivencia.

"Se acercaba medianoche. El cielo estaba cubierto. No se veía la luna. Hacía frío."

Aunque sobrevivir, ¿para qué? Si soy sincero me hago esta pregunta cada anochecer. Cuando no tengo guardia. Cuando las sombras crecen en mi habitación, junto al micrófono por el que ahora mismo transmito. Cuando estoy solo. Cuando el silencio ahí fuera es atronador. Sobrevivir, ¿para qué? ¿hasta cuándo? Y la misma pregunta me hacía ahora mismo, allí, al otro lado de la muralla, protegido, a salvo, ante los cuerpos mutilados, muertos, doblemente muertos, muertos por fin, definitivamente, sin posibilidad de que pudieran levantarse de nuevo. Sobrevivir, ¿para qué? ¿Para caer mañana en una nueva emboscada? ¿Para ser devorado por una de esas criaturas? ¿Para pelear cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo, por mi superviviencia? ¿Para no ser más que un animal?

Sobrevivir, ¿para qué? Quién sabe. No tengo respuesta, pero me agarro a la vida. De momento.

Y por el momento estaba vivo. Mucho más de lo que se podía decir de David. David cayó el primero en la emboscada. Dio la voz de alarma y su grito se llenó de sangre que manó enseguida a borbotones por su cuello. Sangre que ahogó su grito. ¿Y Rojo? Rojo probablemente estaría también muerto. Despiezado y devorado por esas criaturas, esas máquinas de matar.

¿Y Diana? ¿Y su grupo? Perdidos. Yendo en grupo y con Diana al frente tenían, sin duda, más posibilidades de sobrevivir. Diana conocía bien, muy bien, los alrededores del campamento. Diana es una experta en la supervivencia. Diana, al igual que esas criaturas, es una máquina de matar. Nunca habla sobre su vida pasada, pero yo estoy seguro de que fue militar. O algo más oscuro. Su ingenio estratégico, su capacidad de mando… Todo. Con ella, el grupo tenía posibilidades de volver al campamento con vida. Pero tendrían que luchar, porque seguramente los alrededores estaban infestados. Quizás por ese grupo inmenso de criaturas que desapareció hace semanas en el mar. ¿Dónde estarían? Seguramente en los alrededores. Seguramente acechándolos.

El campamento, por ahora, estaba protegido. El sistema de defensa había funcionado perfectamente. Las criaturas vinieron por el sector 1, detrás de nosotros, y Aitziber, desde su torre de vigilancia, fue la mejor defensa. Sus disparos certeros nos protegieron. Aitziber nunca perdía la calma. Y nunca fallaba. Parece mentira cómo toda esta mierda puede transformar a una tranquila y modosa cajera de supermercado en una francotiradora experta. Parece mentira… Pero gracias a esa transformación, gracias a Aitziber, el campamento estaba ahora protegido. Protegido, pero no tranquilo.

Un nerviosismo generalizado se había instalado en todos nosotros. Cerrar la muralla sin esperar a Rojo era la única posibilidad. Blindar el campamento sin esperar a Diana era la única posibilidad. pero eso no nos tranquilizaba. Nos sentíamos aliviados porque estábamos vivos, pero no tranquilos. ¿Qué sería de ellos?

La noche se echó encima del campamento con rapidez, pero nadie se movió de su posición. Estábamos nerviosos. ¿Habría más criaturas cerca? ¿Aparecerían nuestros compañeros? Todos permanecimos haciendo guardia, los ojos bien abiertos.

Pero no ocurrió nada. Pasó una hora. Pasaron dos. Y nada.

Se acercaba medianoche. El cielo estaba cubierto. No se veía la luna. Hacía frío. Un frío que se enquistaba en los huesos y en los corazones. Mis dientes castañeteaban mientras esperaba ver aparecer a Rojo. Rojo por el camino de la ermita. Rojo cruzando el puesto de vigilancia de Aitziber. Rojo cruzando la muralla.

Entonces un gañido nos sobresaltó. Se oía relativamente cerca. Sería cerca del cementerio. Un gañido. Un disparo. Otro gañido. Diferente. Más agudo, menos escandaloso. Otro disparo. El mismo gañido. Más agudo todavía. Otro disparo.

Y luego, silencio. Solo interrumpido por el graznido de algunos pájaros. El silencio que sigue a un rojo gañido de medianoche. A tres disparos. Y luego, silencio.

Solo silencio.

Desde el Campamento Última Esperanza, informó Vladek, un superviviente.

El próximo domingo (y esta vez sí que será el próximo domingo, prometido) conoceremos qué ha ocurrido con Rojo. ¿Seguirá vivo? ¿Y Diana y su grupo?

Fuente de la fotografía: Night walking de Claudia Gabriela Marques Vieira.

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