Emisión 30: A la sombra de un gañido

Nota de Vladek: Siento mucho la ausencia y el silencio de este blog. Hoy publico un nuevo capítulo y tengo otro a medias. A ver si logro coger otra vez ritmo y terminar esta historia.

Breve resumen de las emisiones anteriores: Diana organiza dos equipos de reconocimiento para limpiar los alrededores pero la ronda se tuerce en medio de la noche. El equipo comandado por Vladek corre hasta el campamento, pero cuando llegan falta Rojo. También falta el equipo comandado por Diana. Varios disparos y gritos alertan al campamento. El equipo de Diana corre para refugiarse mientras un grupo nutrido de criaturas los persigue. La defensa del campamento se complica: Aitziber queda aislada en su torreta, Aitor está malherido y sigue faltando Rojo. ¿Qué ocurrirá?

Supervivientes, hay noches que uno preferiría no haber vivido. Noches desgarradoramente oscuras. Noches capaces de incrustarse en la memoria como agujas en la carne más débil. Noches heroicas por necesidad pero también ruines. Noches capaces de mostrar las grandezas y las miserias. Noches de supervivencia, al fin y al cabo.

Aquella fue una de esas noches.

-Rodrigo, ¿qué hacemos?

Pero Rodrigo no estaba. Al menos no como todos esperábamos que estuviera. Estaba allí, delante de nosotros, con los brazos, la cara, la ropa ensangrentada. La sangre de Aitor lo envolvía convirtiéndolo en una figura solemne salida de cualquier película de acción. Pero Rodrigo, en realidad, no estaba allí. ¿Dónde estaba? Imposible saberlo. Delante de nosotros solo había un cuerpo, una figura grotesca, débil e indecisa, un recuerdo ínfimo del Rodrigo que se había erigido en líder indiscutible del campamento.

-Rodrigo…

Lo miré esperando una respuesta, una reacción. Pero nunca llegó.

-Vladek, mantente en tu posición.

El grito vino de la puerta de nuestra muralla. Era Diana, nuestra comandante.

-Aitor estará malherido pero si dejamos de disparar estaremos todos muertos.

Se me heló la sangre al pensar en cómo todas aquellas criaturas podían romper nuestra línea de defensa, destrozar la muralla e invadir el campamento. Nos cazarían como a ratas. No quedaría nadie vivo en pocos minutos.

Me quedé en mi puesto, le di la espalda a Rodrigo y seguí disparando.

-Apuntad a la cabeza. No malgastéis munición. – ordenaba Diana.

-Vladek, no sé cuánto aguantará esta torreta.

Aitziber estaba aterrada. Nuestra mejor francotiradora, una mujer fuerte y capaz de controlar los nervios en cualquier situación comenzaba a desmoronarse.

-Aguanta, Aitziber.

Mientras tratábamos de tranquilizar a Aitziber, Rodrigo volvió a casa de la Doctora con Aitor. No sé en qué momento desapareció, pero cuando me di la vuelta ya no estaba.

-Esti, Lucas, Vladek, concentraos en proteger la torreta. El resto, que no quede ni un bicho vivo cerca de la puerta.

-Diana, desde aquí no vemos bien la torreta. – se quejó Lucas.

Se lo veía preocupado. Aitziber era su compañera de vigilancia. Normalmente pasaban horas y más horas al día oteando el camino de la ermita, vigilando que el sector 1 estaba limpio. Tendría que haber estado con ella, me dijo luego. Tendría que haber estado… No supe qué contestarle. No era su turno, no había por qué darle más vueltas.

-Subid al tejado de la casa de Cristina. Desde allí tendréis un buen ángulo de tiro.

Y subimos.

-Aitziber, tranquilízate y no dejes de disparar.

Pero Aitziber hacía rato que se había dejado dominar por el pánico. Ya no la veíamos encaramada en su torreta. Su fusil se había callado.

-¡Aitziber! ¿qué haces?

Pero Aitziber no contestaba.

En cuanto nos situamos en el tejado de la casa de Cristina, comenzamos a disparar a discreción. Desde allí veíamos perfectamente a nuestros objetivos y fueron cayendo como moscas. Al ritmo que caían, nos íbamos animando.

-Aitziber, aguanta, ya casi hemos acabado con todos.

El grupo que comandaba Diana seguía matando criaturas también a buen ritmo. Tras cinco minutos de tiroteo constante, no se veía más de media docena, todas concentradas en torno a la torreta. Se conoce que olían el miedo y la desesperación.

-Aitziber, ya estamos contigo.

Pero Aitziber seguía desaparecida. No disparaba, no contestaba.

Diana ordenó detener el tiroteo.

-Comprobad que no queda ningún bicho cerca de la muralla antes de abrir la puerta. Luego nos encargaremos de los que quedan uno a uno. Sin desperdiciar balas.

Lucas bajó como una exhalación del tejado. Quería llegar cuanto antes a la torreta de Aitziber, acabar con las criaturas que todavía la asediaban, comprobar que estaba bien. Dios, en aquel momento estaba aterrado, me confesó la mañana siguiente. No la veía. No la oía. No entendía por qué no contestaba a nuestras llamadas. Por un momento pensé que se habría caído y que aquellas criaturas que asediaban la torreta la estarían devorando.

-La puerta está limpia, Diana. Solo quedan los cinco de la torreta.

-¿Seguro?

-Lo hemos comprobado tres veces.

-De acuerdo. Abridla y vamos a por esos bichos. Nada de munición.

Salimos poseídos por una rabia animal. Como si necesitáramos sentir cómo los craneos de aquellas criaturas se quebraban al atravesarlos con nuestros cuchillos. Como si necesitáramos vengar tanta sangre, tanto sufrimiento.

No les dio tiempo a percatarse de nuestra presencia. En cuanto estuvimos a su altura, cinco cuchillos atravesaron sus cabezas. Por la espalda. Oímos el chasquido de cinco cuchillos que rompen cinco cráneos. Y luego silencio. Se apagaron los gañidos de repente y la noche volvió a ser tranquila y negra.

-¡Aitziber! ¿Dónde estás?

Lucas miraba a su alrededor desesperado. Pero Aitziber no estaba en el suelo. No se había caído de la torreta. Era buena señal. Lucas escaló a la torreta sin pensárselo. No era tarea fácil: la escalera estaba recogida y tuvo que trepar de madero en madero. Pero Lucas era ágil y deportista. No le costó demasiado. En pocos segundos, estaba arriba.

-Lucas, ¿y Aitziber?

-Está bien. Tranquilos.

Está bien… Era una forma de decirlo con pocas palabras. Un resumen inexacto y falso, en definitivo. Porque Aitziber no estaba bien. Estaba aterrada. Estaba encogida. Ya no era Aitziber.

 

Desde el Campamento Última Esperanza, informó Vladek, un superviviente.

En la próxima emisión… Silencio nervioso: ¿qué ocurre en un campamento de supervivientes cuando llega el silencio posterior a la batalla? Aitziber está bien, ¿pero hay que estar tranquilo? ¿Y Aitor? ¿Qué ha sido de Aitor? ¿Sobrevivirá? ¿Estará infectado?

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4 comentarios sobre “Emisión 30: A la sombra de un gañido

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