Emisión 31: Silencio nervioso

Supervivientes, el silencio es uno de los bienes más preciados que tenemos. Todavía recuerdo cómo me gustaba llegar a casa después del trabajo, tirarme en el sofá y disfrutar simple y llanamente de la ausencia de conversaciones, de música, de ruido. Cerrar los ojos y hundirme en el vacío. Pero también recuerdo cómo ese silencio siempre era imperfecto. Las paredes de mi casa eran muy finas y podía escuchar los gritos de los vecinos. Y fuera el tráfico golpeando en mis ventanas. Por eso, cuando el mundo se fue a la mierda y las criaturas nos convirtieron en su alimento y la civilización desapareció y me encontré en medio del bosque solo, asustado y hambriento, descubrir el auténtico significado del silencio fue una gran revelación.

“No se oía el aullido de animales a lo lejos. Ni siquiera los insectos hicieron acto de presencia.”

Bien es cierto que las primeras noches aquel silencio me aterró. Solo, en medio de la nada, asediado por criaturas depredadoras, ese vacío, esa nada, se incrustaban bajo mi piel, me taladraban los oídos. Porque el silencio era absoluto. No se oía el aullido de animales a lo lejos. Ni siquiera los insectos hicieron acto de presencia. Parecía como si las criaturas hubieran arrasado con todo. Pero, tras un par de noches al raso, esa inmensidad me sedujo. Si antes apreciaba el silencio, ahora ya no sabría vivir sin él.

Sin embargo, hay silencios y silencios. Están los silencios buscados, aquellos que se persiguen y cuando se logran se abrazan como un trofeo y traen descanso y esperanza. Y luego están los silencios que te asaltan, que se acercan por la espalda, te maniatan y apuñalan hasta dejarte sin aliento. Silencios nerviosos que apagan la luz de la mirada. Precisamente uno de esos silencios se extendió por el campamento en cuanto Lucas pronunció aquellas palabras:

-Está bien. Tranquilos.

Así terminó nuestra defensa de la muralla. Así nos fuimos a descansar después de horas de inquietud, después de sufrir para defendernos del mayor ataque de criaturas que había sufrido nuestro campamento.

A la mañana siguiente, el campamento continuaba en un silencio nervioso. Por las calles del campamento no había nadie. Solamente los centinelas en sus puestos. Diana se aseguró bien de ello antes de irse a descansar.

-Sé que ha sido una noche muy dura, pero a quienes estéis más frescos os toca vigilar la muralla. Atentos especialmente al sector 1. Puede que haya más bichos sueltos por ahí fuera.

“Dormí como si no hubiera descansado en siglos. Caí rendido junto a la emisora, junto al micrófono, imaginando esta crónica…”

Nadie rechistó, nadie se quejó. Era evidente que necesitábamos vigilar bien el perímetro. El jaleo de esa noche podía haber llamado la atención de cualquier grupo de criaturas que anduviera vagando por los alrededores.

Me ofrecí voluntario para vigilar la torreta del sector 1, pero Diana me mandó a descansar.

-Te necesito fresco para mañana, Vladek. Recuerda que sigue faltando Rojo y aquí no dejamos atrás a nadie.

Me sorprendieron aquellas palabras de Diana. Diana la fría. Diana la distante. Diana. Capaz de sorprender a cualquiera en el momento más inesperado.

Le hice caso. Nadie discutía a Diana. Solo Rodrigo o Aitor eran capaces de enfrentarse a ella. Pero eso era antes. Ahora Rodrigo no era nadie. Una sombra del líder que fue. Nadie. Y Aitor… De Aitor no sabíamos nada en aquel momento. La última vez que lo vimos sangraba abundantemente. Yacía inconsciente entre los brazos de Rodrigo, que lo arrastraba a la enfermería, a la casa de La Doctora.

Dormí como si no hubiera descansado en siglos. Caí rendido junto a la emisora, junto al micrófono, imaginando esta crónica, imaginando todas las crónicas anteriores en las que os he relatado qué ocurrió aquella noche. Me olvidé de Aitziber, me olvidé de Lucas, me olvidé de Aitor. Olvidé que a la mañana siguiente debía salir a buscar a Rojo, nuestro superviviente desaparecido. Me olvidé de Diana y su voz de mando. Me olvidé de las criaturas y sus gañidos. Me olvidé de esta emisora y mis crónicas. Incluso me olvidé de vosotros, supervivientes, vosotros que andáis por los caminos, vagando, huyendo, vosotros que estáis escondidos, acurrucados, armados hasta los dientes esperando cualquier ataque de las criaturas.

Supervivientes, el campamento vuelve a estar a salvo. Convulso, pero a salvo. Este es vuestro lugar. Aquí encontraréis refugio, un lugar donde sobrevivir y reconstruir nuestro mundo.

Desde el Campamento Última Esperanza, informó Vladek, un superviviente.

Fuente de las fotografías:

Silence

The moon has been arising

Anuncios

3 comentarios sobre “Emisión 31: Silencio nervioso

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s