Emisión 32: El campamento adormecido

Después de sufrir el peor ataque hasta la fecha, el campamento se levanta adormecido y desanimado. ¿Qué habrá sido de Rojo?

Supervivientes, el campamento se levantó adormecido. Una neblina mortecina se deslizaba entre los tejados y una gruesa capa de nieve había cubierto las calles del campamento. Cuando me desperté, y fui prácticamente el último, el campamento seguía incomunicado con el exterior y las calles interiores tenían una capa de nieve y hielo que hacían difícil caminar. En apenas tres horas había caído la mayor nevada de todo el invierno, según nos dijo Arkaitz.

– No ha dejado de nevar hasta que ha amanecido. Empezó poco después de que la situación se calmara y os fuerais todos a descansar. Y hasta que no han aparecido los primeros rayos de sol, no ha parado.

“Una neblina mortecina se deslizaba entre los tejados y una gruesa capa de nieve había cubierto las calles del campamento.”

Cualquier otro día Diana hubiera organizado los equipos para limpiar aquella nieve de las calles y abrir el paso en los senderos que rodean el campamento. Pero aquel sábado no. Diana era muy consciente del desánimo y el cansancio que anidaban en los corazones de todos. Diana sabía perfectamente que si presionaba demasiado, la cuerda se rompería y más de uno acabaría enloqueciendo o quitándose la vida o dejándose morir. Como Rodrigo. Porque eso era lo que le estaba ocurriendo. Se había roto. Por dentro. Desanimado, desesperado, exhausto. Lo había dado todo hasta que su cuerpo dijo basta. Y se dejó llevar. Y Diana lo dejó caer. Quizás por orgullo, quizás por su ansia de dominar la situación o por puro afán de protagonismo. Probablemente en otro momento me hubiera alineado con Rodrigo. Pobre hombre. Nuestro líder caído. Una persona con la necesidad de que lo animaran y lo ayudaran a salir adelante. Pero el mundo ya es así. Ya no hay espacio para los débiles. Ya no hay tiempo para coger aire. Ya no hay posibilidad de dar un paso en falso y mirar atrás. Porque en ese mínimo instante de duda una criatura se abalanza sobre ti y te araña, o te muerde, y te infecta o te devora, mientras sigues vivo.

Pero ahí estaba Diana. La impertérrita. La fría. La calculadora. Adjetivos que aparentemente siempre han sido negativos pero que hoy por hoy son una bendición. Una ayuda. Un sinónimo de supervivencia.

El campamento se levantó adormecido aquel sábado posterior a la batalla. Yo dormí como hacía tiempo que no dormía. Mi cuerpo se dejó caer en un sueño reparador. Una reparación puramente física, porque hace tiempo que el sueño está plagado de pesadillas, pero reparación al fin y al cabo. Cuando me desperté la niebla lo cubría todo y la nieve helaba las calles y aislaba el campamento.

Aquella nieve era en cierto sentido una ventaja. Teníamos comprobado que el frío extremo ralentizaba el avance de las criaturas. Las adormecía. Y la nieve, aún más. Sus torpes miembros quedaban atrapados en la nieve y se convertían en presas fáciles para nuestros escuadrones de limpieza. Sin embargo, aquel sábado ningún equipo de limpieza aprovechó la oportunidad. Diana ordenó descanso absoluto. Descanso y vigilancia extrema de los límites del campamento, especialmente del sector 1, por donde recibimos el último ataque.

– ¿No vamos a salir a buscar a Rojo?

– No, Vladek.

-Pero estárá ahí fuera.

-Lo sé.

-Lo estamos condenando a muerte.

Diana me miró. Sus ojos transmitían mucho más de lo que nunca había podido apreciar en ellos.

-Rojo está muerto.

-Pero…

-Déjalo, Vladek. No insistas.

En el fondo, yo también lo sabía. Rojo no podía haber sobrevivido a semejante ataque como el que sufrimos la noche anterior. Era imposible. Y si sobrevivió, difícilmente podría haber aguantado vivo una noche tan heladora. Y sin embargo…

-Diana, tendríamos que salir a buscarle. Aunque no sea hoy, mañana…

-Mañana saldremos.

Pero tardamos tres días en abrir las puertas del campamento y echarnos al monte en su búsqueda. Tres días con sus tres noches.

Tres días intensos. Tres noches de insomnio.

Desde el Campamento Última Esperanza, informó Vladek, un superviviente.

En la próxima emisión: “Una mirada vacía y una herida abierta” ¿Qué ha ocurrido con Aitor? Lo último que sabemos es que sangraba abundantemente. ¿Le habrá mordido un zombi? ¿Estará infectado? Y Aitziber, ¿seguirá en shock?

Fuente de la fotografía: Arantzazu aldea eta Orkatzategi por José Félix Díaz de Tuesta.

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2 comentarios sobre “Emisión 32: El campamento adormecido

  1. Hola otra vez. Había dejado de revisar las emisiones desde hace casi 1 mes, pero hoy me dió por mirarlo y.. Sorpresa! No una, sino dos emisiones para leer! En fin, aqui estoy, seguire apoyando a Vladek hasta que acaben las emisiones.
    Pd: Ya te lo dije en su momento, pero te lo vuelvo a repetir: Escribes realmente bien, eres muy bueno en lo que haces.

    Pd2: Cuando acaben las emisiones (que espero que tarde mucho en pasar) no nos dejaras así, ¿no? Me refiero, sin nada mas que leer. Inventaras algo nuevo, imagino.

    Pasa una buena semana, espero la siguiente emisión con ansias.
    Aarón M. P.

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    1. ¡Qué bueno verte por aquí, Molter!
      Esta vez la historia llegará a su fin, aunque me cueste un poco terminarla. En realidad, tengo muy claro de hacia dónde irá. Y no te preocupes porque en mi cabeza está muy claro cuál será el siguiente paso. En mi cabeza hay historia para rato, a ver si no me vuelvo a atascar.
      La próxima emisión, probablemente hoy, aunque no prometo nada porque estoy hasta arriba de trabajo.
      Gracias por todos tus comentarios.

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