Emisión 36: Las huellas del odio

En la emisión anterior…Vladek y Arkaitz salen a inspeccionar la zona del cementerio en busca de huellas de Rojo. Pero cuando llegan allí se encuentran con una gran sorpresa: los cuerpos de los zombis yacen en el fondo del acantilado y sus cabezas cuelgan de las ramas de los árboles.

—¿Qué habéis visto?— fue lo primero que nos preguntó Diana en cuanto nos vio cruzar gritando las puertas de la muralla. —¿Qué habéis visto, Vladek?

Estaba impaciente, pero yo no podía ni hablar. Habíamos corrido mucho.

—Arkaitz, ¿qué pasa?

Diana quería una respuesta rápida, pero Arkaitz era incapaz de hablar, ya no porque le faltara el aliento sino porque el miedo lo paralizaba por completo. La muerte se había dibujado en su cara y Diana podía verla.

¿Qué habrá sido Diana en su vida anterior? Me lo he preguntado tantas veces… Nunca se lo he preguntado y probablemente nunca se lo preguntaré. Nuestras vidas anteriores son, generalmente, un tema tabú en nuestras conversaciones. Nosotros, al igual que las criaturas, también hemos muerto. Y también, como ellas, hemos resucitado. A una vida nueva en la que ellas son las cazadoras y nosotros, los cazados. Por eso, quiénes fuimos antes no nos suele importar. Porque aunque el mundo cambiara de repente y los caminos se vaciaran de criaturas por arte de magia o alguien inventara un antídoto milagroso, daría igual. Nuestras vidas pasadas ya no existen. Ahora, somos quienes somos. Ya no hay vuelta atrás. Hablar del pasado solo trae nostalgia. Y desesperanza.

small_3033567351
Arkaitz era incapaz de hablar. La muerte se había dibujado en su cara y Diana podía verla.

Pero aunque nunca le vaya a preguntar a Diana quién fue en su vida anterior, siempre sentiré una curiosidad malsana por descubrirlo. Me intrigan su sangre fría y su capacidad de mando. Me fascinan… Es capaz de oler el peligro mucho antes de que se presente, leer en la mirada el temor y el odio, y usarlos en su propio beneficio. Y ayer… ayer leía en los ojos de Arkaitz como si de un libro abierto se tratara. Pero por mucho que lo presionaba para obtener los detalles, Arkaitz era incapaz de responder.

—Diana, déjalo— le pedí. —Estibaliz, llévatelo dentro y dale un poco de agua.

Estibaliz me miró preocupada suplicándome saber qué le ocurría a su marido.

—No te preocupes. Está bien. Solo necesita descansar.

Aquellas palabras parecieron tranquilizarla. Lo tomó de la mano y él se dejó llevar.

—¿Qué ha ocurrido, Vladek?— el tono de Diana se había relajado también.

—Vamos a mi cuarto.

Cuando llegamos, saqué una botella de vino que tenía escondida debajo de la cama.

—No sabía que tenías tu despensa personal.

—Uno también tiene sus vicios.

—Yo te tenía por un hombre recto y con principios.

Sonreí.

—Hace tiempo que los principios son difíciles de sostener. Pensan demasiado cuando hay que correr por tu vida.

Diana soltó una carcajada muy sonora. Era extraño verla reír. En ese momento, se le iluminaban los ojos, el rictus se le ablandaba y mostraba al mundo una Diana diferente. Quizás un recuerdo de la niña que fue. Solo un recuerdo. Breve. Minúsculo. Porque enseguida recuperaba su aspecto habitual. Pero en ese instante diminuto recordé a Aitor y su pequeña confidencia después de trabajar con ella. “Ha sido interesante trabajar con ella…”, me dijo aquel día. Y en sus ojos marrones pude intuir una brizna de admiración y simpatía hacia Diana, la misma mujer a la que hasta aquel momento había odiado hasta el extremo. ¿Sería posible conocer a esa otra Diana? ¿Existiría más allá de esos microinstantes?

—¿Qué ha ocurrido, Vladek?

—No me vas a dejar ni disfrutar de este vino.

El rostro de Diana se había ensombrecido de nuevo.

—Ya veo que no. Te he traído aquí porque no quería que todos lo oyeran. Ya tenemos suficientes malas noticias. Y Arkaitz no creo que pueda hablar en un rato.

—¿Os han atacado?

—No… todo lo contrario. Los han atacado a ellos.

—¿A quiénes?

—A las criaturas —dije y levanté mi vaso de vino, brindé con ese vengador anónimo y miré a Diana a los ojos.

—¿A los bichos?

Diana me miraba incrédula.

—No te entiendo. Vas a tener que explicarte mejor.

—Mira, hemos subido hasta el cementerio, tal y como planeamos. ¿Recuerdas cómo dejamos aquello?

—Lleno de bichos tuvo que quedar. Y alguno de los nuestros, si dejaron algo.

—Sí, lleno de bichos. Pues no quedaba ninguna.

—¿Ninguna?

—Bueno, miento. Estar, estaban. O al menos una parte de ellas.

Diana trataba de anticiparse a mi historia. Trataba de saber qué había ocurrido allí arriba.

—¿Quieres un poco más de vino?

—No me jodas, Vladek, que me tienes en ascuas.

—Cuando hemos llegado allí no estaban los cuerpos de los bichos. No estaban donde debían estar. Solo había huellas en el barro en dirección al borde del acantilado.

—¿Los habían arrastrado?

—Sí. Y los habían tirado. Se veían desde allí arriba. Muertos por fin.

—¿Y a qué venía la cara de espanto de Arkaitz?

—Es que hay más. Allí abajo, en el acantilado, solo estaban los cuerpos. Los cuerpos, Diana… solo los cuerpos.

Guardé unos segundos de silencio mientras sorbía unas gotas del tinto que había logrado conservar bajo mi cama, para desesperación de Diana.

—Porque arriba, en los alrededores del campamento, colgadas de las ramas de los árboles, estaban sus cabezas. Muertas, definitivamente muertas. Y colgadas. Mirándonos con sus ojos muertos. Definitivamente muertos.

Diana no tardó mucho en reaccionar. Mucho menos de lo que hubiera esperado.

—Vladek, haz tu mochila, coge provisiones para un par de días, por si acaso, y un par de armas. Salimos en diez minutos.

En ese momento el sorprendido era yo.

Desde el Campamento Última Esperanza, informó Vladek, un superviviente.

En la próxima emisión… ¿Llegó el vengador del ser humano contra los zombis? ¿Ha nacido un héroe? Esa es la pregunta que ronda la cabeza de Diana mientras parten del campamento a inspeccionar el área del cementerio.

Fuente de la fotografía: Fear terror eye

Anuncios

3 comentarios sobre “Emisión 36: Las huellas del odio

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s